El Silencio

23.6.09




Otra vez un cielo gris se apodera de la tarde,

solo quietud en este tiempo de piedra.

Los viñedos ascendiendo en granate

y los árboles solos.


Bajo el signo del cielo una hoguera de silencio

incendiando la hierba vieja.

Vieja mi lengua en esta tarde seca.


Ni pájaros ni manos de tierra.

No hay un soplo de vida en esta muerte lenta.


Más allá del silencio,

otro silencio viene rindiendo la noche.

(Versos de Tiza)

Aquí

Aquí tu voz, en el peine de la tierra.

Aquí el vacío de la esperanza,

el mar decapitado en sus especies.

Aquí, en este hueco, la densidad del dolor,

los pájaros sin voz, los trinos mudos,

los versos sin palabras.

El silencio.

(Versos de tiza)

Atrévete

22.6.09



Llore el que no te comprenda,

sueñe el que no te conozca,

cante el que por ti se encienda.

Que eres toda corazón

de sangre limpia por donde

no se arrastra la traición.

(Alberti)

Tu Frialdad

Lo que más me impresionó siempre fue la frialdad de tus ojos,
como permanecías inmóvil ante mí con tu mirada turbia,
tan fría que me dejaba helada,
sin respiración.




Despierta

y busca dentro de tu ser.


Toda una Vida

18.6.09




Tu vida estaba centrada en la familia y en el trabajo.
Eras consciente de que tu relación con él no era todo lo satisfactoria que te hubiera gustado, pero buscabas un culpable fuera de vosotros mismos: exceso de trabajo, stress, demasiadas responsabilidades…
Y así ibas acallando tu inquietud, día a día.

Cuando descubriste que te engañaba afectiva y económicamente,
cuando te miraste al espejo y viste tu cuerpo lleno de hematomas,
tomaste conciencia de cuál era tu realidad , sacaste fuerzas de tu propia flaqueza y te separaste sin pensar en las consecuencias, como una liberación.

Y así te sentiste en los primeros meses, liberada.
¡Todo parecía tan fácil!

Unos acuerdos previos y una ratificación posterior en el juzgado pondrían fin a tus pesadillas.
¡Demasiado fácil!.
Cuando llegó la ratificación, cambió todo su alegato, no había ingresos donde antes los hubo, lo único común –gananciales- era el fruto de tu trabajo…

¡Qué ironía!

¡Un engaño tan tramado!
¿Qué hacer?...
Nada, seguir adelante confiando en la Justicia

Confianza en la Justicia




¡Qué ingenua!
Tenías el concepto pueril de que la justicia siempre se ponía de parte del más débil.
Para nada. Nada más lejos de la verdad

Lo único que estabas pidiendo era la separación y te sentías tratada como una delincuente.
Tu vida aireada, convertida en un número más, en un expediente al que hay que dar trámite en cinco minutos.
Ni siquiera tuviste la opción de desahogarte, de lanzar al viento todo lo que habías sufrido para al fin sentirte liberada.
Su aplomo –fruto de muchas lides en el campo judicial- sobresalía frente a tu nerviosismo.
Se te trababa la lengua y no te salían las palabras, se te secaba la garganta mientras te temblaban las piernas y te sudaban las palmas de las manos.
No eras tú y nadie hizo un gesto, en aquel juzgado, que te hiciera sentir su apoyo, recuperar fuerzas y hacerle frente.


Los días después




No sé cómo pasaron los tres años siguientes.

Cada mañana te levantabas temprano para dar un paseo con tu querida Senda, creo que era el único momento grato que te permitías, luego ibas a trabajar.
Intentabas centrarte al máximo en el trabajo para no pensar, para dejar tu cabeza libre, aunque sólo fuera por unas horas.

Del resto del tiempo no eras consciente.

Solías acurrucarte en un sillón y pasar allí las horas muertas, sin ver ni hablar con nadie, esperando el amanecer de un nuevo día.

Miedos



Todo te daba miedo, pero sobre todo la gente, encontrarte con él o con alguien de su organización te producía tal ansiedad que te dejaba paralizada.


Recuerdo que ibas al médico buscando ayuda, pero lo que te recetaban era tranquilizantes, que te hacían estar zombi durante horas, en una nube artificial, sin aliviar tu dolor.

No querías estar ausente del mundo, lo único que necesitabas era encontrar una razón para seguir viviendo.


Y sólo tú podías buscarla.

Ocho años de espera silenciosa




Siete años llevas esperando una sentencia que todavía no llega.
¡Ocho años!...
Cómo explicar lo que has pasado durante todo este tiempo.
Tu salud se quebró. Tu cuerpo dijo basta, era demasiada presión, demasiado tiempo manteniendo el tipo, dando la sensación, de cara al exterior, de que no pasaba nada, de que todo estaba bajo control , mientras tu alma se rompía en pedazos cada día.

Ya sabes, si físicamente te sientes fuerte, parece que puedes con todo, que por muy peligroso que sea tu enemigo siempre vas a estar en disposición de hacerle frente.
Pero, cuando tu salud se resquebraja, cuando sientes que no te quedan fuerzas, todo lo demás se desmorona, y eso fue lo que te pasó.

Te hundiste.

Empezar a respirar. Ser Tú



















Un día, no sé cómo ni por qué, empezaste a mirarte con ojos nuevos.
Te diste cuenta de que ante ti se abría una nueva vida, que sólo era cuestión de hacer un último esfuerzo para superar tus miedos, forjados por él uno a uno, poco a poco, minuciosamente.

Empezaste a descubrir que merece la pena vivir.
Dejaste a un lado todas las ataduras que te habían impuesto durante años y te trasladaste a una nueva ciudad.

Al principio te sentías invisible, no había nadie en aquel entorno nuevo, que a ti te parecía tan hostil, al que le interesaras.
Luego fuiste disfrutando de la sensación de soledad buscada, de una existencia incógnita.
En tu ciudad de origen eras una persona conocida, aquí pasabas totalmente desapercibida y no era tan malo.
Podías ser Tú.





Déjame vivir
libre como las palomas
cada vez que tú te vas.

Libre como el aire.

Y volver a ser yo misma
libre,
pero a mi manera.

Y volver a respirar, ese aire
que me vuelve la vida,
pero a mi manera.